Abajo, con Gabi, Chris (argentinos), tres alemanes y un matrimonio de italianos. En otro momento os hablaré un poco más de alguno de ellos.
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lunes, 12 de marzo de 2007
Trabajoplacer
Bien, este blogcito está quedando muy relajado, pero, aunque no os lo creáis, también trabajo, os lo prometo.
Este es el piso de arriba de mi albergue de Ushuaia, y ahí todos los días tecleaba durante dos o tres horitas en mi portátil, que es esa máquina oscura de la esquina izquierda.
Diréis, este tipo no da palo al agua.
Pues os equivocaréis, malpensados: con esto de tener que aprovechar el tiempo y, sobre todo, de tener que pagar por Internet (y luchar con un montón de turistas por ocupar un ordenador) uno hace el trabajo más rápido que en Chamberí.
sábado, 10 de marzo de 2007
Uno de esos cumpleaños inolvidables
En su magnifico blog (no se por que, hoy este ordenador no me deja poner acentos), Miss Julie hablaba de un cumpleaños muy especial para ella, uno que celebro en Seattle con un monton de gente de diferentes paises.
Pues bien, ayer, mientras cenaba un pizza con un par de argentinos (no creo que os sorprenda sabes que los argentinos consideran mejor la pizza argentina mucho mejor que la italiana) y tres alemanes me di cuenta de que al dia siguienta era mi cumpleaños. Es decir, hoy dia 10.
Alguien saco el tema de la politica argentina (vale, creo que fui yo, esto del peronismo es para mi un enigma insondable) y, por supuesto, la sobremesa se alargo.
Asi que en cierto momento, un aleman miro la hora y el y sus tres compatriotas comenzaron a cantarme la version germana del "feliz cumpleaños", seguida de la version argentina "Que los cumplas feliz" (viene a ser el leit motiv de la tonada, ponedle vosotros la musica). Despues encontramos la version panhispanica que resulto ser "Feliz feliz en tu dia" obra de los payasos de la tele.
El argentino se quejo amargamente de las aportaciones españolas a la cultura argentina, equiparando a los payasos con los conquistadores mas crueles. Nos reimos un buen rato. El argentino se apellida Kaufmann, apellido aleman, pero, es evidentemente, miembro de la comunidad judia y estaba sentado junto a tres alemanes de Munich cantandole a un español perdido al que acababan de conocer en una excursion con canoas.
Hacia la una volvi al albergue. Me encontre un mensaje de España felicitandome el cumpleaños y hable por primera vez con otro de mis compañeros de habitacion. Un ingles de la zona de Manchester que espera aqui para tomar el ultimo barco del año a la Antartida. 11 dias en un barco hacia el sur.
De pronto, me senti como en una de esas historias de piratas, o en un relato de Jack London, un tipo iluso compartiendo dormitorio con un experimentado viajero que en unas horas se va a va a franquear las puertas de la aventura.
Y entonces, cerre los ojos, intentando no fijarme en el ruido que hacia el chino de la otra litera, y recorde de nuevo que... era mi cumpleaños y pense que iba a ser dificil ser mas feliz de lo que ya era en ese instante.
viernes, 9 de marzo de 2007
jueves, 8 de marzo de 2007
¿Cuándo empieza un viaje?
¿Cuándo empieza realmente un viaje?
¿Cuando haces la maleta? ¿Cuando compras el billete? ¿Cuando compras la guía del viaje? ¿Cuando despega el avión?
Muchas preguntas.
Mi respuesta: el viaje comienza realmente cuando has dejado la mochila, la maleta o lo que sea en algún sitio mínimamente seguro y sales por fin, a la calle, libre de cargas por fin.
Hoy, cuando por fin he comprado el candado para cerrar mi taquilla del albergue, ha comenzado por fin mi viaje.
Por cierto, si alguna vez venís por ushuaia, y necesitáis comprar un candado, os recomiendo Zeila, la ferretería con más variedad. Eso sí, no olvidéis coger número, como en las pescaderías.
¿Cuando haces la maleta? ¿Cuando compras el billete? ¿Cuando compras la guía del viaje? ¿Cuando despega el avión?
Muchas preguntas.
Mi respuesta: el viaje comienza realmente cuando has dejado la mochila, la maleta o lo que sea en algún sitio mínimamente seguro y sales por fin, a la calle, libre de cargas por fin.
Hoy, cuando por fin he comprado el candado para cerrar mi taquilla del albergue, ha comenzado por fin mi viaje.
Por cierto, si alguna vez venís por ushuaia, y necesitáis comprar un candado, os recomiendo Zeila, la ferretería con más variedad. Eso sí, no olvidéis coger número, como en las pescaderías.
El Petiso Orejudo
En la prisión de Ushuaia vivió durante una temporada un individuo pequeño (eso quiere decir petiso) y orejudo.
Según explicaba nuestro excelente guía, el tal petiso se dedicó a matar niños en Buenos Aires a principios del siglo XX. A un niño, tras ahogarlo, le clavó un clavo en la cabeza.
El tipo solía ir a los velatorios de sus víctimas. Le descubrieron cuando, en el de su último cadáver, se sorprendió al no encontrar el clavo en el cráneo.
Morboso, ¿eh?
Por aquéllos tiempos, abundaban curiosas teorías sobre la relación entre los rasgos físicos y el comportamiento de los individuos.
Un doctor de origen italiano atribuyó el carácter asesino de nuestro Petiso a sus dos "anomalías": un gran pene y unas grandes orejas.
Para "alterar" este comportamiento, el médico creyó que bastaría con operarle estos rasgos físicos. Y le operaron las orejas.
Sí. Al parecer sólo las orejas. El guía no ha dicho nada de... lo otro.
PD 1: en cuanto pueda colgar fotos, lo haré (ahora tecleo en un pc de esos "capados" - sólo para navegar por la Red - en lo que no se puede conectar la cámara de fotos, tampoco introducir diskettes ni CDs)
¿Cuándo se puede decir que un viaje ha comenzado mal? (I)

¿Qué requisitos se deben cumplir para decir que un viaje ha comenzado desastrosamente?
¿Hace falta que a uno le anestesien y le roben un riñón que estaba utilizando? Bueno, si a uno no le anestesiaran, supongo que sería aún más desastroso.
¿O basta con que uno acuda al aeropuerto de Barajas con un pasaporte lleno de visados exóticos y... ya caducado? Olvidando, por supuesto, el nuevo pasaporte en el cajón de arriba del armarito que hay junto al ordenador.
Esto ocurrió y... se solucionó gracias a un taxista heroico y a los cincuenta euros que me costó ir y volver al aeropuerto de Barajas en menos de 40 minutos.
Por cierto, gracias, señor taxista. No creo que usted lea esto, pero... llegué a tiempo. Tomé el vuelo a Buenos Aires y pude entrar al país, pequeña ventaja que me proporcionó el pasaporte en vigor.
El taxista me contó que otra vez, con una chica, le pasó una historia parecida. Nunca supo si la chica había llegado a tomar su avión o no.
Hmmm... curioso, los taxistas sólo conocen una parte de las historias, se quedan en el medio del primer acto, o tal vez del nudo... pero se ven privados de conocer los desenlaces.
Pues bien, señor taxista, gracias a usted, estoy aquí en un locutorio de Ushuaia, la ciudad más meriodional del mundo (si es que meridional quiere decir sureña) escribiendo en un ciber, usando uno de esos diabólicos teclados que hacen tanto ruido cada vez que uno los pulsa.
Desde la ventana, con el logo de Telefónica, veo casas de madera pintadas de colores vistosos, unos picos nevados y un cielo muy azul. Es como Cicely (¿se escribe así?) - la de Doctor en Alaska - pero justo en el otro extremo del continente.
(Me hospedo aquí, por si alguien tiene la curiosidad)
¿Hace falta que a uno le anestesien y le roben un riñón que estaba utilizando? Bueno, si a uno no le anestesiaran, supongo que sería aún más desastroso.
¿O basta con que uno acuda al aeropuerto de Barajas con un pasaporte lleno de visados exóticos y... ya caducado? Olvidando, por supuesto, el nuevo pasaporte en el cajón de arriba del armarito que hay junto al ordenador.
Esto ocurrió y... se solucionó gracias a un taxista heroico y a los cincuenta euros que me costó ir y volver al aeropuerto de Barajas en menos de 40 minutos.
Por cierto, gracias, señor taxista. No creo que usted lea esto, pero... llegué a tiempo. Tomé el vuelo a Buenos Aires y pude entrar al país, pequeña ventaja que me proporcionó el pasaporte en vigor.
El taxista me contó que otra vez, con una chica, le pasó una historia parecida. Nunca supo si la chica había llegado a tomar su avión o no.
Hmmm... curioso, los taxistas sólo conocen una parte de las historias, se quedan en el medio del primer acto, o tal vez del nudo... pero se ven privados de conocer los desenlaces.
Pues bien, señor taxista, gracias a usted, estoy aquí en un locutorio de Ushuaia, la ciudad más meriodional del mundo (si es que meridional quiere decir sureña) escribiendo en un ciber, usando uno de esos diabólicos teclados que hacen tanto ruido cada vez que uno los pulsa.
Desde la ventana, con el logo de Telefónica, veo casas de madera pintadas de colores vistosos, unos picos nevados y un cielo muy azul. Es como Cicely (¿se escribe así?) - la de Doctor en Alaska - pero justo en el otro extremo del continente.
(Me hospedo aquí, por si alguien tiene la curiosidad)
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